SENTIDO DEL OLFATO

TODO SOBRE EL OLFATO:

  • El sentido del olfato al igual que el del gusto pertenece a los llamados sentidos químicos.
  • Sus receptores, denominados quimiorreceptores, son estimulados por las sustancias químicas presentes en el aire (odorantes o moléculas odoríferas) y las moléculas presentes en los alimentos (moléculas gustativas), que una vez disueltas en el moco los estimulan.
  • La percepción de estas sustancias químicas por el sentido del olfato es lo que se denomina olores.
  • El sistema olfatorio percibe las moléculas odoríferas transmitidas por el aire.
  • En el ser humano los olores brindan información sobre el medio ambiente, los alimentos, animales y otras personas que influyen sobre su conducta alimenticia y social.

EL SENTIDO DEL OLFATO REALIZA LAS SIGUIENTES FUNCIONES EN EL CUERPO:

1) Es de vital importancia para la supervivencia del ser humano ya que el sentido del olfato tiene la capacidad de percibir olores desagradables que generalmente se asocian a sustancias nocivas, gases contaminantes y alimentos en descomposición.

2) Colabora con el sentido del gusto en la percepción de los sabores de los alimentos. El sabor no es más que la combinación de aferencias que recibe nuestro sistema nervioso posterior a la activación de los sentidos del gusto, olfato y sistema somatosensorial una vez que los alimentos presentes en la mucosa oral, entran en contacto con ellos.

3) Permite identificar una gran variedad de olores; el ser humano es capaz de percibir un rango de 5 000 a 10 000 olores diferentes.

4) Refuerza la memoria ya que uno recuerda mejor los olores y los eventos asociados a ellos que los sonidos o las imágenes visuales.

5) Participa en el estado de ánimo, las emociones y el comportamiento ya que la percepción de los olores modifica la conducta del individuo.

6) Es un marcador temprano de enfermedades neurodegenerativas, tales como la enfermedad de Alzheimer, la esquizofrenia, enfermedad de Parkinson y corea de Huntington ya que los pacientes que padecen de ellas presentan al inicio de la enfermedad, disminución de la capacidad de percibir los olores.


CARACTERÍSTICAS FISICOQUÍMICAS DE LOS ODORANTES

Las moléculas odoríferas para poder ser detectadas deben tener la propiedad molecular de ser suficientemente pequeñas para ser volátiles (masa molecular relativa mayor de 30 a 300 g · mol−1), de modo que puedan vaporizarse, alcanzar la mucosa olfatoria de la nariz y disolverse en ella. Otros factores importantes son las interacciones internas (moléculas polares o no polares), la distribución de átomos, la distribución de carga y la posibilidad que se produzcan rotaciones estructurales. Las fuerzas intermoleculares son de gran importancia ya que determinan su volatilidad y solubilidad en agua. Los compuestos olorosos más destacados tienen estructuras en anillo con electrones no localizados, lo que los estabiliza desde el punto de vista químico. Esta propiedad se conoce como aromaticidad porque los compuestos que presentan dicha estructura presentan olor.

CLASIFICACIÓN DE LOS OLORES. OLORES PRIMARIOS

A lo largo de la historia han surgido varias clasificaciones de los olores, pero ninguna ha sido del todo satisfactoria. Aristóteles (siglo iv a.C.) describió un primer intento de clasificación compuesta por los siguientes olores: dulce, amargo, picante, áspero, ácido y untoso. Mucho tiempo después, en 1752, Carlos Linneo estableció una clasificación que utilizaba siete tipos de olores: fragante, aromático, ambrosiaco, aliáceo, caprílico, fétido y nauseabundo. En 1895, Zwaardemaker agregó dos más: etéreo y quemado. En 1916, Henning los clasificó en seis clases: pútrido, fragante, etéreo, aromático, resinoso y quemado, basándose en un diagrama espacial en forma de prisma, ubicándose los seis olores mencionados como primarios, en los vértices, y estando los olores intermedios ubicados en las aristas y caras del prisma. La clasificación más utilizada es la teoría estereoquímica desarrollada por J. Amoore, en el libro Molecular Basis of Odor, en 1970 que los clasificó de acuerdo con la cualidad percibida, su estructura molecular y en la dificultad para percibir uno u otro grupo de sustancias que presentan algunos individuos que se denominan anósmicos. Según Amoore, los olores primarios son siete: acre, floral, almizclado, etéreo, alcanforado, mentolado y pútrido. Sugirió que sobre la membrana o dentro de los receptores existen receptáculos (huecos) de proporciones moleculares que aceptan o rechazan a las moléculas odoríferas. Por ejemplo, el olor alcanforáceo lo poseen ciertas moléculas esféricas que se unen a un receptor en forma de cuenco, las sustancias que huelen a almizcle son compuestos en forma de disco, mientras que los olores florales están producidos por unas moléculas que tienen forma de disco con una cola flexible.

La teoría de Amoore podría ser básicamente correcta, pero aplicada a cientos de receptores diferentes y no sólo a siete, con afinidad para varias moléculas y determinada por algo más complejo que su forma molecular ya que otro aspecto como la frecuencia de vibración que produce la molécula odorífera en el receptor también es importante. Grupos de investigadores han demostrado que moléculas casi idénticas desde el punto de vista estructural se perciben como olores diferentes mientras que sustancias con estructuras químicas diferentes pueden tener olores similares, lo que contradice la teoría estereoquímica.

Hoy en día se conocen más de 60 anosmias específicas en personas normales y ya que la teoría de Amoore plantea que un olor primario es todo aquel que produzca una anosmia debe concluirse entonces que alrededor de ese número debe encontrarse el número de olores primarios que detecta el ser humano.


FISIOLOGÍA DE LAS CÉLULAS DEL NEUROEPITELIO

El epitelio olfatorio del ser humano, es un área de 5 cm2 y 60 μm de grosor que se encuentra localizada en el techo de la cavidad nasal por encima del nivel del cornete superior. Se divide en el neuroepitelio y el tejido conjuntivo que lo sostiene (lámina propia).

El neuroepitelio es pseudoestratificado y está formado principalmente por cuatro tipos de células: 1) receptoras; 2) de sostén; 3) basales, y 4) con microvellosidades.


1) Células receptoras. Las células receptoras, aproximadamente 10 millones, son neuronas bipolares (neuronas de Schultze) que poseen un núcleo central del cual salen dos prolongaciones. La prolongación distal o apical es una dendrita en forma de botón o bulbo de la cual protruyen hacia la cavidad nasal de 4 a 25 cilios largos de unos 2 μm de largo y 0.3 μm de diámetro, no móviles (carecen de dineína) de disposición típica 9 + 2, los llamados cilios olfatorios que penetran en el moco del epitelio y en los cuales se llevan a cabo los mecanismos de transducción cuando las moléculas odoríferas se adhieren a ellos. La prolongación proximal de la neurona bipolar es muy estrecha y transcurre entre las células basales y la porción basal de las células de sostén hasta la membrana basal donde da origen a un axón delgado (diámetro 0.2 μm) y amielínico que se une con otros no mielinizados para formar el filete nervioso que se constituye en el nervio olfatorio que perfora la lámina cribosa del etmoides para dirigirse hacia el bulbo olfatorio.

2) Células de sostén. Son células cilíndricas largas y delgadas que atraviesan todo el neuroepitelio y se asemejan a las células gliales. En su extremo apical poseen microvellosidades, núcleos ovales que se proyectan hacia la luz del epitelio y gránulos de mucígeno. La parte perinuclear del citoplasma posee un aparato de Golgi moderadamente desarrollado y abundantes mitocondrias y enzimas. En su extremo basal son más estrechas y están en contacto con la membrana basal.

Debido a su estructura estas células tienen las siguientes funciones: producen moco al igual que las glándulas olfatorias, aíslan eléctricamente a las neuronas olfatorias, regulan las concentraciones de potasio alrededor de las neuronas sensoriales y tienen la capacidad de oxidar las moléculas hidrófobas y volátiles, haciendo que estas moléculas sean menos liposolubles y no puedan atravesar las membranas hacia el sistema nervioso central.

3) Células basales. Son células cúbicas y con núcleo electrodenso que se localizan hacia la membrana basal y en la base de las células de sostén. Estas células no están en contacto con la luz y son las células madre a partir de las cuales se pueden formar nuevas células receptoras. En los roedores se ha encontrado que las neuronas receptoras se regeneran cada 6 a 8 semanas ante la lesión que se produce al exponerse al ambiente.

Hoy en día se sabe que el proceso de renovación de las neuronas receptoras se encuentra bajo el control de:

  • La glía envolvente olfatoria (GEO), un tipo especial de célula glial, descrita hace 125 años por Golgi, que envuelve a los axones olfatorios y los guía en su camino hacia el bulbo olfatorio.
  • Factores de crecimiento, mencionan a las proteínas morfogénicas óseas (BMP) y a las proteínas de la familia de los factores de crecimiento transformantes (TGF). Por su parte, nogina (noggin), otra proteína reguladora, se une a las BMP y es capaz de inhibir su actividad promoviendo la diferenciación neuronal.
  • A nivel del neuroepitelio olfatorio es común observar células receptoras en diferentes estadios de maduración cuyos axones deben encontrar su camino hacia el bulbo olfatorio y hacer las conexiones sinápticas correctas con las células diana respectivas.

4) Células con microvellosidades. Están presentes en el epitelio olfatorio y se cree que son un segundo tipo de neurona receptora. Poseen una prolongación apical que se introduce en la capa de moco y su prolongación basal se extiende hacia la lámina propia. La función exacta de estas células está por definirse.

En el tejido conjuntivo (lámina propia) que soporta al neuroepitelio se encuentran las glándulas de Bowman. Éstas son glándulas tubuloalveolares ramificadas serosas puras que producen moco que sale a través de conductos hacia el neuroepitelio. La mucosa o epitelio olfatorio siempre está cubierto por moco que humedece su superficie y permite que se disuelvan las moléculas odoríferas. Hoy en día se sabe que además de las células receptoras en la mucosa se encuentra una proteína fijadora de olor (PFO) que se sintetiza en la glándula nasal lateral y en las glándulas de Bowman. Ya se ha aislado en el ser humano una PFO de 18 kDa que es única de la cavidad nasal, y es probable que existan otras más cuyas funciones principales son ofrecer las moléculas odoríferas en solución a los receptores, removerlas y protegerlos de las altas concentraciones de ellas.



RECEPTORES ODORÍFEROS

Los receptores odoríferos están acoplados a la gran familia de proteínas G. Poseen siete dominios hidrófobos de expansión de la membrana, un sitio de fijación para la molécula odorífera en el dominio extracelular de la proteína y capacidad de interactuar con la proteína G en la región terminal carboxílica de su dominio citoplasmático. Se han descrito cinco tipos de proteína G en el epitelio olfatorio. Una de ellas, la proteína G olfatoria (Golf) desempeña una función importante durante la transducción del estímulo ya que está acoplada con la neurona receptora.

El análisis de la secuencia completa del genoma humano ha permitido identificar aproximadamente 1 000 genes de receptores de sustancias odoríferas (3 a 5% del genoma) pero la mayoría de ellos han acumulado mutaciones que impiden su expresión dando como resultado sólo 400 proteínas receptoras odoríferas funcionales. Las investigaciones de Linda Buck y Richard Axel les valieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina en el 2004 al descubrir que cada neurona olfatoria produce sólo un tipo de esta proteína receptora. Hoy en día no se conoce a cabalidad cómo se lleva a cabo esta selección y se cree que un mecanismo de retroalimentación negativa desencadenado por la función de la proteína receptora odorífera es el responsable. Cada una de estas proteínas receptoras es capaz de detectar un conjunto particular de moléculas odoríferas.

ASPECTOS FISIOLÓGICOS A NIVEL DEL RECEPTOR

Potencial de membrana. Las neuronas receptoras del olfato sin estímulo, poseen un potencial de membrana de −55 mV el cual trae como consecuencia la descarga tónica de un potencial de acción por segundo a nivel del axón. Ante la presencia del estímulo la membrana se hipopolariza hasta un valor de −30 mV o menos lo que aumenta la frecuencia de descarga del axón a 20 a 30 potenciales de acción por segundo. Cada neurona responde a muchas sustancias odoríferas y cada olor es capaz de estimular a muchas neuronas.

Mecanismo de transducción. Como ya se ha mencionado, el mecanismo de transducción de los olores se lleva a cabo en la membrana celular de los cilios o en la parte bulbar de la dendrita de la neurona receptora que protruye hacia la cavidad nasal. A continuación se describen los pasos que se desencadenan cuando la molécula odorífera se une al receptor.


  • La proteína fijadora de olor capta la molécula odorífera y se la ofrece a la superficie externa de la proteína receptora.
  • Al acoplarse la molécula odorífera a la superficie externa de la proteína receptora activa la proteína Golf presente en la membrana celular.
  • Al activarse la proteína Golf se desprende la subunidad α del trímero que normalmente forman las subunidades α, β y γ.
  • La subunidad α activa la enzima adenilciclasa III.
  • La adenilciclasa III cataliza la conversión de ATP en AMP cíclico (AMPc) y pirofosfato (PP).
  • El AMP cíclico actúa como segundo mensajero y abre canales iónicos dependientes de ligando (AMPc) presentes en la membrana celular.
  • Los canales iónicos activados dejan entrar los iones Na+ y Ca++ que desplazan el potencial de membrana hacia valores menos negativos ocasionando una hipopolarización que se constituye en el potencial generador o potencial de receptor.
  • El aumento del calcio intracelular abre canales de cloro activados por el calcio. La concentración intracelular de cloro en las neuronas olfatorias es muy alta y la salida de este anión a través de estos canales ocasiona un grado mayor de hipopolarización y depolarización que se conduce de un modo pasivo del cilio hacia la dendrita y el cuerpo celular de la neurona receptora.
  • Si la magnitud del potencial generador sobrepasa el umbral del segmento inicial del axón de la neurona receptora, se dispara el potencial de acción nervioso debido a la activación de canales del sodio y potasio del voltaje dependiente a este nivel.
  • La frecuencia de descarga de potenciales de acción en las fibras del nervio olfatorio cambia aproximadamente en proporción al logaritmo de la intensidad del estímulo, lo que hace suponer que en este aspecto se siguen los mismos principios de fisiología que en otros sistemas sensoriales.

Hoy en día hay evidencia sobre otra forma de activación de los receptores del olfato en la cual participa como segundo mensajero el inositol 1,4,5-trifosfato (IP3). En este caso, la unión de la partícula odorífera al receptor activa una proteína G, que a su vez, estimula la producción de IP3 por la fosfolipasa C. El IP3 abre en la membrana del cilio un canal que permite la entrada de calcio. Esta vía se puede activar por separado o en conjunto con la vía del AMPc descrita antes.

VÍAS OLFATORIAS CENTRALES

Vía aferente

Como ya se mencionó, los axones de las células mitrales y de las células en penacho forman la estría olfatoria o tracto olfatorio que se dirige sin hacer relevo en el tálamo a las siguientes áreas del SNC que se definen en forma general como corteza olfatoria:



Núcleo olfatorio anterior: localizado en la base del tracto olfatorio y constituido por un grupo de neuronas que envían sus axones a través de la comisura anterior al núcleo olfatorio del bulbo contralateral. Esta conexión interbulbar, a través del núcleo olfatorio anterior permite el procesamiento interhemisférico de los olores. Si se secciona esta vía, el paciente será incapaz de nombrar los olores que se presenten en su fosa nasal derecha ya que el hemisferio izquierdo en que se centra el habla quedará desconectado de la información.

Tubérculo olfatorio: localizado dentro de la sustancia perforada anterior. Los axones de las células mitrales establecen sinapsis con las neuronas del tubérculo olfatorio antes de dirigirse al núcleo dorsomedial del tálamo y la corteza orbitofrontal.

Corteza piriforme: constituye la corteza consciente del olfato (corteza olfatoria primaria). Es la principal estructura a la que se dirige la estría olfatoria y las neuronas de esta área responden a un determinado tipo de olor y son las responsables de la percepción y discriminación de los olores. Sin embargo, se desconoce aún el procesamiento adicional de la información que se lleva a cabo en esta área.

Núcleo cortical anterior de la amígdala: es el que media las emociones asociadas con los olores y envía fibras que lo conectan con estructuras del hipotálamo para las respuestas conductuales y neuroendocrinas vinculadas con un determinado olor.

Corteza entorrinal: es la encargada de almacenar la memoria de los olores y cuyas neuronas proyectan al hipocampo.

La información del tubérculo olfatorio, amígdala, corteza piriforme y corteza entorrinal se dirige hacia la corteza orbitofrontal (pasando por el núcleo dorsal medial del tálamo). La activación orbitofrontal casi siempre es mayor del lado derecho que del izquierdo, por lo que la representación del sentido del olfato en la corteza es asimétrica. La corteza orbitofrontal es también, el sitio del sistema nervioso que recibe información de áreas visuales, gustativas, táctiles y olfativas, por lo que desempeña una función importante en la integración del olfato, el gusto y otras señales en relación con las comidas, que dan lugar a la percepción del sabor.

Pacientes con lesiones de la corteza orbitofrontal pueden detectar la presencia o ausencia de un olor pero son incapaces de discriminar los olores por lo que a esta vía se le conoce como la responsable de la identificación y discriminación de los olores. De estas mismas áreas se proyectan fibras a la corteza frontal.

Vía olfatoria eferente

En el bulbo olfatorio, las células periglomerulares y granulares reciben información a diferentes niveles de fibras centrífugas (eferentes) provenientes de las siguientes áreas del SNC:

  • Del núcleo olfatorio anterior homolateral y contralateral.
  • Del núcleo de la rama horizontal de la banda diagonal.
  • De la corteza prepiriforme.
  • Del tallo cerebral: fibras noradrenérgicas provenientes del locus coeruleus y fibras serotoninérgicas de los núcleos del rafe mesencefálicos y de la parte rostral de la protuberancia.

Estas fibras centrífugas liberan el neurotransmisor glutamato que excita tanto a las células periglomerulares como a las granulares mencionadas antes.

Las células periglomerulares forman sinapsis recíprocas dendrodendríticas con las dendritas primarias de las células mitrales y las células en penacho. Al activarse las células periglomerulares liberan el neurotransmisor GABA que inhibe a las dendritas de estas células y disminuye la información que se conduce hacia centros superiores. Este proceso al igual que el que ocurre entres las células granulares y las dendritas secundarias de las células mitrales y en penacho (ya comentado) se le conoce como inhibición lateral, cuyo significado fisiológico es modular la cantidad de información que se conduce hacia centros superiores y así de este modo afinar la cantidad de información que se conduce desde el bulbo hacia los centros olfatorios centrales.

BIOPSICOFÍSICA DEL OLFATO

Umbral olfatorio

La concentración molecular mínima capaz de estimular a la neurona receptora del olfato y producir una percepción consciente es lo que se conoce como umbral olfatorio.

La concentración umbral a la cual un receptor responde varía con cada sustancia particular. Sustancias como el metilmercaptano (la sustancia que le da el olor característico al ajo) y el almizcle sintético estimulan a los receptores con concentraciones en el orden de picogramos por litro (<500 pg/L). En contraste con esta situación, el etanol no puede detectarse hasta que su concentración alcanza alrededor de 2 mM. Entre los factores que afectan el umbral están las variables externas, como son el volumen y duración del flujo de aire que llega a la mucosa olfatoria, la humedad del ambiente, ya que a mayor diferencia entre ésta y la de la mucosa es mayor la sensibilidad. El estado alimenticio del sujeto es importante ya que previo a las comidas cuando una persona siente hambre se registra la mayor sensibilidad hacia los olores. También se han descrito sustancias químicas como el alcohol y las anfetaminas que disminuyen la sensibilidad del olfato mientras que los ácidos tánicos, acético y el vino permiten recuperar la sensibilidad luego de las comidas.

Debido a las conexiones centrales del olfato descritas es importante resaltar que el umbral de detección del olfato es menor al umbral de reconocimiento del olfato en el que participan estructuras del SNC como las cortezas piriformes y entorrinal que reconocen con precisión la sustancia odorífera particular.

GRADACIONES DE INTENSIDAD DE LOS OLORES

En el caso del sentido del olfato en el pasado se creía que el umbral diferencial (capacidad de diferenciar la intensidad del olor) se encontraba en alrededor de 30%. Esto quiere decir que para diferenciar el cambio en la intensidad del olor, la concentración debe variar como mínimo en 30%. El advenimiento de mejores técnicas para presentar los estímulos odoríferos (olfatómetro) ha disminuido este porcentaje a valores cercanos al 11%, lo que coloca al umbral diferencial del olfato muy cerca de otros sistemas sensoriales como la visión y la audición.

En la detección de la intensidad de los olores también es importante resaltar que muchos odorantes huelen muy diferente al variar su concentración. Los sulfitos orgánicos tienen un olor muy desagradable al estar concentrados, pero al diluirse son los responsables del apetitoso aroma de los alimentos como el bistec y la cebolla.

CODIFICACIÓN DE LOS OLORES

No se conoce con exactitud cómo son codificados los estímulos olfatorios, es decir, el mecanismo fisiológico mediante el cual se diferencia el olor de un clavel del de un jazmín. Se sabe que los receptores odoríferos son capaces de responder a una molécula odorífera o a varias de ellas, y generar en sus axones frecuencias de potenciales de acción. Adicionalmente, no todos los receptores odoríferos responden igual ante la misma molécula, es decir, algunos responden diferente de otros.

Los olores detectados por el olfato humano corresponden a una mezcla de sustancias químicas que, sin embargo, la persona interpreta como pertenecientes a un objeto particular, por ejemplo, el olor a un jazmín o a café que, a pesar de estar compuestos por múltiples sustancias químicas, uno logra identificarlos como únicos. Esto demuestra la capacidad del sistema olfatorio de sintetizar los estímulos y expresarlos como uno solo; asimismo, si el sistema es estimulado con el olor de un jazmín y el del café al mismo tiempo, la persona percibe los dos estímulos por separado (no se mezclan), lo que también demuestra la capacidad analítica del sistema.


Codificación espacial

La codificación espacial en el sentido del olfato está representada por el mapa de olores olfatorios que se expresa en los glomérulos del bulbo. Las neuronas receptoras esparcidas por la mucosa olfatoria que responden a un olor particular envían sus axones a glomérulos específicos del bulbo olfatorio.

Codificación temporal

La codificación temporal en el sistema olfatorio se basa en los trenes de potenciales de acción y activación sincrónica de neuronas olfatorias ante la presencia de diferentes estímulos odoríferos.

En el sistema olfatorio humano no se conoce con exactitud la contribución de la codificación espacial y temporal a la percepción de los olores.

ADAPTACIÓN

La adaptación en el sentido del olfato se refiere a la disminución de la intensidad de la percepción de un olor particular, aun cuando el estímulo persista. Esta adaptación es rápida —lo que se conoce también como fásica— y sólo se presenta para el olor particular que se está percibiendo. Los mecanismos que llevan a cabo la adaptación en el olfato se realizan en los cilios presentes en las neuronas receptoras y el calcio que entra por el mecanismo de transducción previamente descrito desempeña una función muy importante en la señal de retroalimentación. Hoy en día se sabe que coexisten tres mecanismos de adaptación en las neuronas receptoras de los vertebrados.

Adaptación a corto plazo

Se observa al estimular el sistema olfatorio con pulsos breves de estímulos (100 ms). Este tipo de adaptación implica que la entrada de calcio a través del canal del calcio dependiente de nucleótido (AMPc) regula su propia actividad. El calcio que entra se une a una proteína fijadora de calcio que podría ser calmodulina y esta unión disminuye la sensibilidad del canal iónico al AMPc.


Desensibilización

Cuando el estímulo odorífero persiste por un tiempo más prolongado (aproximadamente más de 8 s) disminuye la percepción del olor por un mecanismo de desensibilización que se desencadena al igual que la adaptación a corto plazo por la entrada de calcio. En este caso, la entrada de calcio fosforila al calcio calmodulina quinasa II que a su vez disminuye la actividad de la enzima adenilciclasa tipo III.

Adaptación a largo plazo

Descrita en las neuronas olfatorias de las salamandras en donde la entrada de calcio al cilio de la neurona receptora aumenta los niveles de monóxido de carbono (CO) y GMPc, responsables de los cambios de sensibilidad al estímulo.

ENVEJECIMIENTO DEL SISTEMA OLFATORIO

Desde el punto de vista fisiológico, es normal que a medida que uno envejece, disminuya progresiva y de manera paulatina la función olfatoria de tal forma que la persona no lo advierte. La declinación de esta función en el adulto mayor se manifiesta en una falta de apetito hacia los alimentos. Los umbrales olfatorios aumentan con la edad y 75% de los humanos mayores de 80 años tiene menor capacidad para identificar los olores. El advenimiento de técnicas de resonancia magnética nuclear funcional (RMNf) permite estudiar las respuestas de las áreas olfatorias centrales ante la exposición de los olores en los adultos mayores. Los resultados de estos estudios han demostrado que durante el envejecimiento la activación de estas áreas centrales disminuye en comparación con sujetos jóvenes.

ANORMALIDADES DEL OLFATO

Las anormalidades del olfato se dividen en dos grandes categorías: las que se deben a falta de transmisión de las sustancias odoríferas hasta la mucosa olfatoria debido a obstrucción del paso del aire (trastornos conductivos) o secundarias a la falta de función de las vías nerviosas en cualquier punto desde el receptor hasta la corteza olfatoria (trastorno neurosensorial). Los trastornos más comunes del olfato se definen y tienen como causa las siguientes:

Anosmia: falta del sentido del olfato. Se debe a ausencia o alteración funcional de alguno de los múltiples integrantes de la familia de los receptores odoríferos. Otras causas son: lesión de los nervios olfatorios debido a traumas o a la presencia de pólipos nasales, edema de la mucosa nasal y tumores de la nariz. En el síndrome de Kallman la anosmia se acompaña de hipogonadismo.

Hiposmia: disminución del sentido del olfato. Se presenta durante el envejecimiento, debido a resfriados, infecciones de las vías aéreas superiores, toxinas y medicamentos.

Hiperosmia: aumento en la sensibilidad a todos o a una cantidad limitada de odorante.

Parosmia o disosmia: alteraciones en el sentido del olfato, como la fantosmia que se debe a percepción de olores inexistentes que se presenta en el envejecimiento, en las alucinaciones olfatorias de la esquizofrenia, después de una infección de vías respiratorias, trauma o a crisis convulsivas del lóbulo temporal.

RELACIÓN ENTRE COVID-19 Y DISFUNCIÓN DEL OLFATO

La presentación de DO en las infecciones virales como el resfriado común o la gripe es muy frecuente y muchos virus pueden conducir a la DO a través de una reacción inflamatoria en la mucosa nasal, con mayor producción de mucosidad (rinorrea), y en el neuroepitelio olfatorio. Los agentes más conocidos son el rinovirus, parainfluenza, Epstein-Barr y otros coronavirus. El seguimiento de la pérdida de olfato posviral mostró que más del 80% de los pacientes presentaron recuperación subjetiva después de un año. La fisiopatología exacta de la DO posviral continúa en estudio. No hay síntomas específicos de las vías respiratorias superiores que permitan distinguir la COVID-19 de manera confiable de otros tipos de infecciones respiratorias virales.

Parecen probables dos causas: a) durante la infección de las vías respiratorias superiores la pérdida de olfato se produce como resultado de la inflamación nasal, el edema de la mucosa y la obstrucción del flujo de aire hacia la rima olfatoria, y/o b) la pérdida posviral del olfato se produce por infección e inflamación directa de la mucosa olfativa con la consecuente neurodegeneración del neuroepitelio olfativo. El daño del sistema olfatorio periférico y su disfunción, con la consiguiente hiposmia e incluso anosmia, podría ser un indicador relevante de la progresión de la enfermedad.



Mecanismo potencial de lesión del neuroepitelio por efecto del SARS-CoV-2 en la vía olfatoria humana.

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FRECUENCIA DE LA DISFUNCIÓN OLFATORIA DURANTE LA PANDEMIA COVID-19ESTUDIOS OBSERVACIONALES

Actualmente está habiendo un incremento de publicaciones sobre la frecuencia de la DO en pacientes con COVID-19 que varían del 5 al 85% según los países y los estudios, pudiendo clasificarlos según regiones y continentes: Asia (China, Singapur, Wuhan, Corea), Europa (Italia, Francia, Reino Unido, España) y América.


Frecuencia de pérdida de olfato según continentes.

* España, Bélgica, Italia, Francia y Suiza.

** Estados Unidos de América, México, Italia y Reino Unido.

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  • Asia

Uno de los primeros estudios publicados es de Irán, basado en encuestas telefónicas, en el que se evidenció un aumento significativo en la anosmia de nueva aparición desde el brote de COVID-19. Además informaron de una fuerte correlación entre el número de casos de hiposmia/anosmia autoinformados y los casos de COVID-19, con una frecuencia del 87% de DO9.

Otra serie de casos (n=23) estudiada también en Irán sobre olfato en pacientes COVID-19 mostró que el 83% de sus pacientes presentaron DO10, mientras otro estudio (n=42) realizado en Israel informó DO en el 35,7%11.

Un estudio en China en pacientes hospitalizados por COVID-19 con neumonía mostró una pérdida del olfato y del gusto de solo el 5,1 y el 5,6%, respectivamente12. En este estudio, realizado por neurólogos, los datos se recopilaron retrospectivamente de las historias clínicas, lo que podría haber llevado a una subestimación de la prevalencia real. Estos síntomas nasales podrían no haberse informado espontáneamente al no interrogarse a los pacientes de forma dirigida y no reflejarse por tanto en la historia clínica.

Wee et al.13 concluyeron en el estudio de una cohorte asiática (n=154) realizado en Singapur que la DO autoinformada tenía una alta especificidad como criterio de detección para la COVID-19. Los pacientes con COVID-19 parecían tener mayores probabilidades de DO (22,7%) en comparación con los positivos para otros virus respiratorios.

En Corea incluyeron mediante entrevista telefónica 3.191 pacientes y encontraron anosmia en el 15% de los pacientes COVID-19 al inicio de la enfermedad14.

  • Europa

El primer estudio europeo incluyó a 59 pacientes hospitalizados en Italia. El 33,9% informaron un trastorno en el gusto o en el olfato, y 18,6% ambos síntomas. El 20,3% presentaron los síntomas antes del ingreso hospitalario, mientras que el 13,5% los experimentaron durante la estancia hospitalaria15. Benezit et al.16 estudiaron 68 pacientes con COVID-19 y concluyeron que el 45% tenían DO. Klopfenstein et al.17 analizaron en Francia a 114 pacientes confirmados con COVID-19, que mostraron DO en el 47% de los casos, con alteración del gusto en el 85%. En este estudio la DO fue el tercer síntoma en el 38% de los casos. La DO se desarrolló 4,4días después del inicio de la infección. Una evaluación selectiva y poblacional realizada en Islandia en 528 pacientes con COVID-19 demostró una DO del 11,5%18.

En otro estudio del Reino Unido se incluyeron 579 pacientes con COVID-19 positivos y 1.123 negativos. Los autores concluyeron que la pérdida de olfato y el gusto (59%) es un fuerte predictor de haber sido infectado por el virus SARS-CoV-219.

En Italia, Vaira et al.20 informaron una frecuencia de anosmia del 19,4% en 320 casos de COVID-19. Sin embargo, el estudio no proporciona información sobre el método de medición de la pérdida del olfato. En otra cohorte italiana (n=202) se describieron resultados similares, con una DO del 64,4%21.

Un estudio multicéntrico de 417 pacientes con COVID-19 realizado en 12 hospitales europeos de Francia, Bélgica, Italia y España describió una frecuencia de DO del 85,6% (20,4% con hiposmia y 79,6% con anosmia) y con impacto en la calidad de vida, así como un 88,8% con trastornos gustativos. La DO apareció antes (11,8%), después (65,4%) o al mismo tiempo (22,8%) que los síntomas locales en oído, nariz y garganta, con la particularidad de no estar asociada a la rinorrea22.

Lechien et al.23, en un estudio multicentrico europeo incluyeron 1.420 pacientes con clínica COVID-19 leve-moderada que no requirieron ingreso hospitalario y en los que encontraron una DO del 70,2%.

En Holanda, en un estudio realizado a trabajadores sanitarios, se observó anosmia en el 47% de los casos SARS-CoV-2 positivo24.

En España, Beltrán et al.25 incluyeron 79 pacientes con COVID-19 y observaron anosmia en el 45% de los casos.

  • América

En Estados Unidos, Yan et al.26 incluyeron un total de 1.480 pacientes con síntomas similares a los del virus de la influenza a los que se les realizó la PCR para SARS-CoV-2. Se informó pérdida de olfato y gusto en el 68 y el 71%, respectivamente, de los pacientes COVID-19 positivo (n=59), en comparación con el 16 y el 17% de los pacientes con COVID-19 negativo (n=203) (p<0,001).

Un estudio transversal internacional (Estados Unidos, México, Reino Unido e Italia) en 237 pacientes con COVID-19 informó de una DO del 73%27.

ESTUDIOS CON OLFATOMETRÍA

Debido a las limitaciones relacionadas con la propagación de la enfermedad, las contingencias de emergencia y el riesgo de contaminación de personal sanitario y pacientes, es difícil plantear metodológicamente la realización de pruebas de olfato (olfatometría, EVA). Los futuros estudios que utilicen pruebas psicométricas de olfato serán muy importantes para corroborar estas evaluaciones subjetivas de pérdida de olfato informadas por los pacientes. En la actualidad solo hay dos estudios que han empleado alguna herramienta cuantitativa para el olfato. En Irán, Moein et al.28 utilizaron la prueba de identificación UPSIT, que demostró que el 98% de los pacientes con COVID-19 (n=60) presentaban algún tipo de DO, con un 33% de pérdida grave y un 58% de anosmia. Otro estudio en Italia utilizó la olfatometría Connecticut Chemosensory Clinical Research Center (CCCRC), encontrando una DO del 73,6% (53 pacientes) de los enfermos con COVID-19 (n=72)29.

TRATAMIENTO

Tres de cada cuatro pacientes COVID-19 presentan una mejoría de la DO al mes del diagnóstico26. Esta mejoría a lo largo del tiempo sugeriría una acción competitiva del virus sobre los receptores de las células olfativas y gustativas o fenómenos inflamatorios locales, en lugar de un daño permanente del neuroepitelio olfativo. En caso de que persista DO puede ser razonable considerar el tratamiento. Se desconoce la eficacia de los tratamientos disponibles para la OD posviral.

El entrenamiento olfativo implica la repetición y el exposicion repetida a un conjunto de olores de un conjunto de olores (limón, rosa, clavo y eucalipto) durante 20s cada uno (dos veces al día) durante al menos 3meses. Damm et al.30 realizaron un estudio aleatorizado, controlado y multicéntrico concluyendo que el entrenamiento olfativo es un procedimiento seguro y útil en pacientes que lo empiezan dentro de los primeros 12meses tras el inicio de la DO. El entrenamiento olfativo mejora la DO, y el uso de olores a concentraciones altas es beneficioso para la mejoría del olfato.

Los glucocorticoides orales e intranasales se han utilizado para excluir un componente inflamatorio. Sin embargo, actualmente no se recomiendan para las personas con COVID-19 debido a la falta de evidencia científica y riesgo de efectos adversos. En cambio, en los pacientes que estaban usando glucocorticoides intranasales antes de desarrollar COVID-19, dicha medicación debe continuarse4.

Otros tratamientos que han demostrado ser prometedores en anosmia posviral son:

  • Citrato de sodio intranasal, que parece modular las cascadas de transducción del receptor olfativo.
  • Vitamina A intranasal, que puede actuar para promover la neurogénesis olfativa.
  • Omega-3, que puede actuar por medios neurorregenerativos o antiinflamatorios.

Sin embargo, hasta la fecha, no hay evidencia de que estas terapias sean efectivas en pacientes con DO relacionada con COVID-19. Se necesitan estudios clínicos a largo plazo para investigar la resolución espontánea y la duración de la DO y para definir el manejo terapéutico de los pacientes que presentan anosmia permanente.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES ESPECIALES

Una DO repentina y grave en el marco de la pandemia COVID-19 y en ausencia de otras enfermedades respiratorias, como rinitis alérgica, rinosinusitis aguda o crónica, debe alertar a los médicos sobre la posibilidad de tener infeccion por SARS-CoV-2. Estudiar el sentido del olfato en personas con sospecha clínica de infección puede ser útil para identificar pacientes que requieran medidas de aislamiento y/o tratamiento inicial. Una pandemia de rápida instauración y progresión como la COVID-19 requiere técnicas de investigación igualmente ágiles que utilicen la recopilación de datos en tiempo real. Evaluar la pérdida del olfato con olfatometría (predominantemente las de uso individualizado) o incluso mediante una EVA podría ayudar a la detección temprana de pacientes infectados y podría reducir el número de contagios evitando la propagación del virus.

Durante la pandemia COVID-19 se aconseja a los pacientes con pérdida repentina y grave del sentido del olfato iniciar medidas de distanciamiento social, aislamiento domiciliario preventivo y realizar pruebas de diagnóstico para el SARS-CoV-2 cuando sea posible. Finalmente, debe valorarse la posibilidad de realizar entrenamiento olfativo en pacientes con pérdida permanente del olfato, tras un mes de falta de recuperación del olfato.

 


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